Bien… y mejorando
 
Por: HIRAM MARTINEZ de ¡TRIUNFO!
Noticia salió publicada en: 9/24/2005


A pocas horas de cumplir 100 años, Millito Navarro recuerda su pasado, vive a plenitud cada minuto de su presente y hace planes para el futuro.



PONCE – Vivir es una aventura para don Millito Navarro. Es un motivo de felicidad, una celebración diaria de su estilo de vida, su genética extraordinaria y el milagro de la naturaleza que comparte con su familia y, desde hace unos años, con el pueblo de Puerto Rico.

Aunque recuerda el pasado con nostalgia y cariño, él mismo se vanagloria de su presente y hace planes para el futuro a corto y largo plazo. Por ahora, encontrarse con su entrañable amigo Pancho Coímbre o con Geño Guerra, para cobrarle una apuesta que le debe, no está en su agenda. A los 100 años, que cumple el lunes, todavía le quedan cosas por hacer.

"Bien y mejorando", responde con una sonrisa dibujada en la cara cuando se le pregunta cómo se siente. "En estas dos semanas tengo que jugármelas todas, porque la celebración es grande y extensa y tengo que estar con la mente clara".

"Todo el mundo me dice: ‘qué bien estás’. Y ya me lo estoy creyendo".

Este es el mismo Millito Navarro que se vio obligado a descartar una beca de estudios en el Colegio de Mayagüez para jugar pelota profesional y así convertirse en el sostén de su hogar. Es el mismo que jugó en Venezuela, recibiendo salarios de dos equipos, y que en Santo Domingo se convirtió en un ídolo; el mismo que jugó con Satchel Paige ("el mejor lanzador que he visto") y con Joshua Gibson. El mismo que le recomendó a un muchacho cuatro años menor que él llamado Francisco Coímbre para que "le robara el show" en su debut en San Juan. El mismo que es reconocido como el primer puertorriqueño que jugó en Estados Unidos y el único jugador vivo de las Ligas Negras del Este que vio acción en la década del 20.

Es el mismo que se casó a los 35 años con una bella mujer de 18, el mismo que dormía "culo con culo" en la misma cama con compañeros de equipo en hoteles de tercera durante las ligas negras y el que ideó un extraordinario método de vida para llegar y sobrepasar los 100 años.

"Fui a la Serie del Caribe en Venezuela hace unos años y encontré gente que no creía que era yo", dijo con una risotada. "Tengo un documento que dice que yo nací un 26 de septiembre de 1905 en la calle Las Flores, de Patillas".

Lo mejor de todo es que sigue viviendo plenamente. A los 100 años, todavía es capaz de enamorarse. Admite estar "sólo, libre, disponible y fácil de atrapar" y continúa en plan de conquista. "A esta edad, créeme, tengo más pimienta sexual", dijo con su acostumbrado buen humor.

"Mi fórmula es vivir para comer y no comer para vivir. Querer a Papa Dios sobre todas las cosas. Ser una persona afable, sencilla. Y hacer todas las cosas que uno quiere hacer sin exagerar. Hago desorden, pero con orden", indicó.

Hace ya varias décadas que Navarro sorprende con su condición física. Su único achaque es una artritis en la rodilla, pero que no le impide caminar ni correr su bicicleta estacionaria diariamente. Para demostrar su elasticidad, tocó el suelo de su balcón con ambas manos sin doblar las rodillas. Su visión es 20/20 sin espejuelos y mantiene su dentadura completa, aunque exhibirla no es la razón principal por la que ríe a plenitud con una frecuencia pasmosa.

"La risa da salud y quita el estrés", dice.

Su rutina comienza en la ducha al levantarse. Se baña con agua caliente –"para abrir los poros"– y luego la va enfriando para cerrarlos.

No ingiere alimentos artificiales, no toma agua que no sea destilada, endulza sus jugos como miel de abeja y hasta usa una mascarilla de miel, harina de trigo y agua de rosas para mantener las arrugas alejadas de su cara.

"Es la misma mascarilla que usaba Cleopatra, la dama más linda de Egipto", dice.

Los ejercicios son parte integral de su rutina. Además de sus caminatas, pedalea en una bicicleta estacionaria en la sala de su hogar en la calle Torres, de Ponce.

"Hay que tener en mente que uno no va a ser joven toda la vida. Cuando uno es joven comete muchos excesos, pero cuando se da cuenta es muy tarde. La gente sabe que hay que tomar agua todos los días y que el ejercicio diario ayuda a mejorar la calidad de vida. Lo saben, pero no lo hacen. Pero Millito Navarro lo pone en práctica y le ha dado resultado", indicó.



Vida de pelotero

Navarro llegó tarde a la escuela. El hijo de un zapatero y una cocinera, nacido en Patillas, comenzó en la escuela elemental a las 11 años. Su padre murió cuando tenía 10 años, por lo que luego de terminada la escuela superior, a los 22, rechazó una beca del Colegio de Mayagüez para dedicarse a jugar pelota profesional. Así, podía ayudar a levantar a su familia.

"No jugué béisbol aficionado", recordó. "Entré directamente al béisbol profesional. Pero cuando llegué, parecía la mascota del equipo. Gacho Torres, quien era muy indisciplinado, hasta el punto que los umpires le tenían miedo, me cogió cariño y fue el primero que me llamó ‘El Cachorro’. Después, jugó en otro ‘team’ y me tiraba la bola franca y llegué a darle dos hits en un juego… Eso era una hazaña, porque el que le daba un hit a Gacho, al próximo turno le tiraba a la cabeza".

Luego de jugar varios años en la pelota semiprofesional de la Isla, Navarro partió en su travesía hacia convertirse en un trotamundos del béisbol. Jugó en las ligas de Venezuela y República Dominicana, y en 1928 se embarcó en un viaje de cinco días hacia Nueva York para probar suerte con las ligas negras.

Allí se unió a los New York Cuban Stars, un conjunto integrado en su mayoría por peloteros cubanos, comandado por el hoy miembro del Salón de la Fama Martín Dihigo.

En esa liga, se encontró con varios de los mejores peloteros que ha visto en su vida.

"Llegué en un buque llamado ‘El Brazo’", dijo con nostalgia. "Vinieron de Cuba a contratarme. El dueño del equipo era Alejandro Pompez y estaban varios de los mejores jugadores. Viajábamos en un viejo Packard que le decían el ‘Bombín’ y cabíamos todos. Para no gastar mucho, nos quedábamos en unos hoteles baratos, pero teníamos que dormir dos en una misma cama. Como era novato, me ponían con el más jorobón y dormía ‘culo con culo’… si se viraba de frente, yo también me viraba".

"Fui recomendado por Pedro Alejandro Sainz, dominicano, y no lo hice quedar mal", agregó. "Allí vi al que todavía considero el mejor lanzador que he visto: Satchel Paige. También enfrenté a Leon Day, a Joshua Gibson y a Martín Dihigo. Martín era un tremendo jugador. Jugaba todas las posiciones y era alto, con unas facciones tremendas. Luego, jugamos juntos en Caracas y con quien único salía él era conmigo. Nos decían Li: él, como era grande era la L mayúscula y yo era la ‘i’".

De su estadía en Caracas y República Dominicana, el mejor pelotero que le viene a la mente es ‘El Gamo Dominicano’, Tetelo Vargas.

"Volaba", dijo sobre su velocidad. "Jugó como 30 años y de verdad que volaba. Las cogía todas en el ‘outfield’ y cuando una bola picaba de hit entre dos, era jonrón".

En Venezuela, jugó para el Magallanes, el Royal Criollos, Universidad Central de Caracas y Santa Marta.

"Habían tres equipos y surgió una expansión con la Universidad de Caracas, al que todos los equipos tenían que darle un jugador. El coronel Gonzalo Gómez me pidió que le recomendara a tres refuerzos y les recomendé a Alejandro Oms, Silvino Ruiz y Dihigo. Cuando el campeonato estaba por empezar, Gómez pidió que admitieran a cuatro refuerzos en vez de tres, pero no lo aceptaron y me cedió a la Universidad de Caracas. Me molesté y lié mis bártulos. Cuando estaba por irme, mandó un general a que me detuviera. Me explicó que la Universidad había pedido que el jugador fuera yo. No sé si era verdad, pero me garantizó el sueldo, dos sueldos, además de un carro con chofer. Me trataron a cuerpo de rey y los muchachos, casi todos jóvenes universitarios, me decían ‘El Doctor’".

Tras retirarse como pelotero, luego de jugar varios años en la recién creada Liga de Béisbol Profesional de Puerto Rico, Navarro ejerció como maestro de Educación Física en su natal Ponce y llegó a ser instructor atlético de todas las escuelas de este municipio. Dirigió el equipo de béisbol en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Panamá en 1938. Y posteriormente, obtuvo una licencia de agente hípico con la que le dio de comer a su familia por 26 años.

En los últimos años, se ha dedicado a participar en actividades tanto en la Isla como en el exterior. Para esto, cuenta con la ayuda de su hija postiza Blanca Valle, quien se encarga desde organizarle los múltiples reconocimientos e invitaciones que recibe hasta llevarlo a las actividades.

¿Le hubiese gustado jugar en esta época de altos salarios, hoteles de primera, gente que carga sus maletas y viajes en jet de costa a costa? Navarro no lo piensa dos veces para decir que sí, pero tampoco para agregar que no se arrepiente de lo vivido.

"Seguro que sí", dijo sonriente. "Pero no hay mal que por bien no venga. Quizás no gané los salarios que se ganan hoy en día, pero quizás a estos muchachos de ahora no les tienen el afecto que me tienen a mí. Ninguno vive más feliz que yo, y lo digo a boca llena".

"¿Y qué es la felicidad para usted?", le pregunta el fotoperiodista Ramón Ostolaza mientras captaba unas imágenes de su expresivo rostro. "Que tengo unos hijos que me quieren excesivamente, que tuve una esposa que era una Miss Puerto Rico, que tengo salud, y que hay un pueblo que quiere y respeta a uno. Eso me estimula a ser siempre la misma persona".

Los festejos del centenario de Navarro iniciaron ayer, con una visita a la calle de Las Flores, donde nació, en Patillas. Hoy desde las 2:00, habrá una recepción en el Castillo Serrallés. El lunes, el Museo del Deporte Puertorriqueño celebrará oficialmente su cumpleaños 100 y presentará un documental sobre su vida en una actividad el lunes al mediodía. "Después de ahí, soy del pueblo", dijo.

El primero de octubre, la celebración se traslada al Hotel Trump Taj Mahal, de Atlantic City, donde recibirá un homenaje del Salón de la Fama de las Ligas Negras.